El reino de Mistis tiene una envidiable buena imagen. Los que
vienen de visita quedan anonadados ante sus hermosos lagos, las enormes ferias,
la variedad de fauna y flora, los cantos del coro real a las 4 PM públicos y gratuitos
para todos los visitantes, las obras de títeres, las carreras de caballos, y
como no, el gran castillo gobernado por el imponente rey Sir James Asconda. Este
castillo, tan alto que llega hasta las nubes, se encuentra rodeado por cuatro
torres que miden, aproximadamente, un tercio de lo que miden la gran
estructura, una en cada extremo y con una bandera roja y verde, colores que
hacen tributo a la sangre derramada en el césped por los combatientes del
reino, y en el medio, como no, una salamandra, el emblema de la prestigiosa
familia Asconda. A todo esto, se suman los cuatro muros que rodean al reino
completamente, protegiéndolo de posibles ataques enemigos, y a su vez
demostrando el gran poder económico del que goza el reino.
Y es que claro está, ante tal armonía que parece meticulosamente
hecha a mano, es lógico que los visitantes (mensajeros en su mayoría) queden
maravillados. Más aún cuando, durante todas y cada una de las visitas, sin
excepción alguna, cada visitante tiene una persona designada por el reino, que
lo guía para hacer más amena la visita. Claro está, que, por seguridad del
extranjero y del reino, la ley le prohíbe merodear por el lugar a su libre
voluntad, puesto que no se sabe las intenciones que este tenga. Oh, y con qué
seguridad cuenta el dichoso reino que el pueblo no puede, no debe, ni quiere tener
contacto con el exterior, ¡Qué clase de monstruos malignos habrán allí afuera,
esperando, a la par de que sus glándulas salivales trabajan con todas sus
fuerzas, encontrar a un pobre habitante perdido para hacerle quien sabe que
atrocidades. Pero les aseguro, damas y
caballeros, que ustedes ya no tendrán nada que temer. El reino les abre a
vosotros y a vuestra familia los brazos completamente. También les aseguro que
todos y cada uno de ustedes recibirán trabajo, y como si fuera poco, ¡El
alimento es gratis! Nuestra gran pero equilibrada densidad de población abala
mis palabras, créanme, no se arrepentirán solo síganme y...
Se seca la pluma, pero se moja la hoja con una lágrima.
Tusmo se encuentra altamente estresado y confundido. Quien sabe que torbellino
de pensamientos estará pasando por su cabeza mientras que, con la misma fuerza
que provoca el impacto de una pluma que cae al suelo, se hamaca en el columpio
de su propio patio. El joven cierra los ojos e intenta convencerse de que si
esto no es por él, entonces tendrá que ser por su esposa, que gracias al nuevo
y prestigioso oficio de su esposo podrá vivir plácidamente con él en una de las
bellas salas del castillo. A su vez, a Tusmo se le cruzan recuerdos de la
miserable vida que tuvo en el pueblo mientras fue bufón del rey hasta ayer,
cuando por su buen labor, el rey le ofreció un mejor empleo. Pero peor aún, lo
que este hombre no puede sacarse de la cabeza es el recuerdo de cómo llegó
hasta allí, al decadente pueblo.
Tusmo, por un momento, cierra los ojos, y recuerda. Recuerda
como se encontraba él, caminando minuciosamente entre la seca hierba del
bosque, buscando algún jabalí para abastecer a su campamento, que no estaba
pasando precisamente por el mejor momento. Pasaron tres horas hasta que
encontrase algo. El muchacho, con su agudo oído preparado para la caza, logró
escuchar unos pasos de un sonido tan característico como lo es el de las
pezuñas de los caballos. Tusmo, haciendo un movimiento torpe, puesto que el
hambre y la desesperación estaban alterando su balance, apunta débilmente con
el arco su única flecha hacia la dirección de la cual parecía venir el sonido. Un
segundo antes de que el cerebro del joven mande la orden de disparar al cuerpo,
Tusmo se percató de que el caballo estaba siendo montado por un sujeto, de
dorada y reluciente armadura, que, sin
perder el tiempo, se bajó del caballo y extendió su mano esperando lo mismo del
muchacho. Luego de aproximadamente 3 segundos el individuo baja la mano, que
emplea, con ayuda de la otra mano para agarrar y posteriormente extender un
pergamino. Tose un poco y exclama:
- Me presento, Sir Sumpas, a sus órdenes. Usted, amigo mío,
no parece estar en la mejor situación, y apostaría que cuenta con personas
cercanas que no se encuentran mejor que vos en lo absoluto. Ah, ¡Pero que
diferente es la situación de donde yo vengo! Déjeme explicarle, el reino de
Mistis tiene una envidiable buena imagen. Los que vienen de visita quedan anonadados
ante sus hermosos lagos, las enormes ferias, la variedad de fauna y flora, los
cantos del coro real...

Tendrías que revisar errores de puntuación y acentuación. -Delfina Caradonna
ResponderEliminarNo. -Juan De Nicotti
EliminarMe gusto tu cuento, me parece muy original. Maria Luz Almirón
ResponderEliminarJuan: En el relato se entremezclan ideas interesantes e intensas con otras que resultan incomprensibles. No se entiende y confunden las dos voces narradoras; tampoco queda claro el encuentro con el caballero y el motivo por el que es recompensado por el rey, ni qué lo preocupa. Hay ideas completas que no se entienden, por ejemplo: "Se seca la pluma, pero se moja la hoja con una lágrima. Tusmo se encuentra altamente estresado y confundido. Quien sabe que torbellino de pensamientos estará pasando por su cabeza mientras que, con la misma fuerza que provoca el impacto de una pluma que cae al suelo, se hamaca en el columpio", ¿escribe mientras se hamaca?
ResponderEliminarRever el uso de puntuación, gerundios, construcción de algunas oraciones, concordancia, repeticiones innecesarias y tildes.
Al editar, los párrafos deben alinearse con la herramienta "justificar".
NOTA: 5
Graciela Amadio