Eran las 9:30 y yo estaba entrando como de costumbre. Todos los miércoles era lo mismo. Tocaba el timbre, me abría Sergio. “Hola Sergio” “Hola señorita” y caminábamos en silencio hasta la puerta. Una puerta alta y gruesa de color gris, como los días de invierno. Imposible de tirar abajo, imposible de abrir sin tener la llave.
El siempre me esperaba sentado en la misma silla. Había 7 sillas y siempre se sentaba en la misma y ponía otra al lado para mi, en el fondo de la habitación, al lado de la ventana.
Hablábamos de la vida, bah, de mi vida.“¿Cómo está el trabajo? ¿La casa? ¿Tenes novio? ¿Que vas a hacer hoy? ¿Me trajiste lo que te pedi?”. Todos los miércoles eran las mismas preguntas y lamentablemente, todos los miércoles eran las mismas respuestas.
“Si. Está sucia. No, todavía no. Lo de siempre. Si, aca lo tenes”. Esa era toda la conversación que teníamos después nos limitamos a mirarnos o a jugar con lo que le había traído ese miércoles. Mientras el jugaba con su balero nuevo me encontré mirando por la ventana. Nunca me gustó ese lugar. Me causaba una cierta desconfianza el hecho de que haya una arboleda antes que la orilla del mar, no era normal. Pero ese día el paisaje era hermoso, no estaba ni cerca de causar desconfianza.
El gris del cielo hacía resaltar el verde brillante de las copas de los árboles y el mar estaba particularmente más azul que de costumbre. Daba la impresión que del otro lado de la ventana alta y triste todo era paz y tranquilidad, no se parecía en nada al mundo caótico y difícil que había en realidad.
El reloj toca las once y aparece puntual como siempre la cara de Sergio por la puerta. “Les voy a pedir que vayan despidiéndose”.
El y yo nos abrazamos. Un abrazo vacío, sin amor. Después de despedirme agarré mis cosas y me dirigí hacia la puerta. “Casi me olvido! ¿Que necesitas para la semana que viene?” La respuesta fue totalmente inesperada. Me pidió algo muy difícil de transportar y que al final, no era una cosa, era alguien.
Por primera vez en todos los años que pasé en ese lugar me dieron ganas de recorrerlo, por fuera, claro está. No quería estar ni un segundo más de lo necesario ahí adentro. El olor a encierro y depresión lograban que se me forme un nudo en la boca del estómago que por más de lavarlo e intentar taparlo no se iba.
Cuando salí por la puerta en vez de dirigirme hacia la estación de tren fui al bosque. Ese bosque que siempre me pareció mal ubicado e innecesario hoy me daba curiosidad. Entre tantos árboles y soledad me puse a pensar si yo tenía la obligación de seguir yendo cada miércoles del año a visitarlo. Si, era mi responsabilidad, pero pasaron muchos años y nada va a mejorar. ¿Era necesario seguir perdiendo horas de mi vida en una visita sin sentido y vacía de amor? Me senté en el medio del bosque a esperar una respuesta clara pero nunca llegó, era mi trabajo encontrarla.
En el momento que subí al tren me di cuenta que no era la única respuesta que necesitaba encontrar. Debía resolver el problema que presentaba cumplir su pedido de la semana próxima, debía encontrar la manera de que ella me acompañe a visitarlo.
Traté. No pude. La llamé, le toqué el timbre, fui a su trabajo. No quiso ir, no quiso verlo. Rogué como nunca en mi vida pero no importa cuanto suplicara ella, tan cobarde como era usual, no quiso ir, no quiso verle la cara.
Durante dos días no pude pensar en otra cosa más que en su cara cuando le diga que esta semana no pude cumplirle el deseo. Me imaginaba la emoción y la felicidad saliendo de sus ojos mientras sus hombros bajan tan despacio que daban ganas de llorar. Me imaginaba su cuerpo cayendo en la misma silla que pone cada miércoles al lado de la ventana, sin ganas de seguir luchando, sin ganas de seguir esperando. Me imaginaba esa única pregunta que él me podía hacer. “Por qué no quiso venir?”. Porque estas solo y sos el recuerdo de un pasado que nadie quiere recordar.
Un nuevo miércoles había llegado. Ese día el tren se escuchaba diferente. Había más murmullo y color. Cuando llegué la brisa que venía de mar olía diferente, más salada, más genuina. Todo estaba diferente. Yo estaba diferente.
Sergio me abrió la puerta, no salude. Me dirigí directamente hacia la puerta gris. Cuando lo vi se me llenaron los ojos de lágrimas, el estómago de nudos, la cabeza de pena. El apenas me vio cambió la cara. Sabia que venia sola, que nadie me había acompañado.
Le pedí disculpas, le expliqué que había hecho todo lo posible para convencerla de venir pero nada dio resultado. Le mentí y le dije que algún día ella iba a venir, sola, cuando se de cuenta de que el pasado no importaba, que lo importante era seguir unidos.
11:00 am. “Les pido que vayan despidiéndose”.
“¿La semana que viene me traes un…”
No voy a volver la semana que viene. No voy a volver por un par de meses. No espero que lo entiendas, solo quiero que sepas que no puedo seguir sacrificando mi vida y mi tiempo solo para ver un paisaje que lo único que causa es desconfianza y tristeza.
Valoración
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Ideas y contenido
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, enriquecido con detalles que no solo aportan información sino también atraen al lector y lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta personal y se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas potentes y un mensaje claro, sin embargo, los detalles solo aportan información y no atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
Es clara y significativa la relación con la imagen que lo origina.
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Hay ideas contradictorias o sin desarrollar y el mensaje no es claro. Los detalles solo aportan información y no atraen al lector ni lo invitan a una lectura sensible.
El contenido resulta poco personal y no se reconoce en él un intento de originalidad.
La relación con la imagen que lo origina no es significativa o es inexistente.
| 1,50 |
Organización
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de las ideas y los hechos se suceden lógicamente y la información se da en las dosis correctas y en el momento adecuado para que quien lee el texto nunca pierde interés. Las conexiones son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la siguiente son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos, para un cierre satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de las ideas y los hechos no siempre se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo que quien lee el texto pierde interés. Las conexiones no son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra con un sentido de la resolución, atando cabos sueltos, para un cierre satisfactorio,
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La estructura interna del texto escrito, el hilo que conduce el significado central, el encadenamiento de las ideas y los hechos no se suceden lógicamente. Hay información innecesaria o se sobreentiende información, de modo que quien lee el texto pierde interés. Las conexiones no son fuertes, es decir que los puentes de una idea a la siguiente no siempre son coherentes. El texto se cierra sin un sentido de la resolución, dejando cabos sueltos.
| 1,50 |
Voz:
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Logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización son los adecuados.
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No logra construir una voz y un tono creíbles.
El punto de vista y la focalización no son los adecuados.
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Elección de las palabras:
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario rico y preciso, que emociona y hace pensar a quien lee el texto. No sólo se comunica de una manera funcional, sino de un modo que conmueve.
Hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues incluye algunos recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario correcto pero que no emociona ni hace pensar a quien lee el texto. Sólo se comunica de una manera funcional.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no incluye algunos recursos y artificios literarios.
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La elección de las palabras exhibe el uso de un lenguaje y vocabulario escaso y repetitivo, a veces, erróneo. Se limita a un uso literal que no emociona ni hace pensar a quien lee el texto. Sólo se intenta comunicar de una manera funcional, aunque no siempre se logra.
No hay comprensión del uso particular del lenguaje que hace la ficción, pues no incluye algunos recursos y artificios literarios.
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Convenciones
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El texto se ha corregido y editado con cuidado, pues no presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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El texto se ha corregido y editado con relativo cuidado, pues presenta algunos errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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El texto no se ha corregido y editado con cuidado, pues presenta errores en ortografía, párrafos, usos gramaticales, puntuación y mayúsculas.
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Calificación Definitiva
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Lola:
en tu relato hay pasajes conmovedores e imágenes
bellas como vehículo de una historia a la que le falta darle encarnadura al personaje de la casa, ya que no se lo ve y tan poco se sabe de él que su suerte no conmueve como sí lo hace la narradora, con una contundencia que lo debilita aún más. Hay cierta inseguridad en la elección del protagonista, ¿ël o ella?. Esta vacilación resulta un tanto molesta.
Una duda: ¿son padre e hija? No pude verlos de otra manera.
Rever uso de tiempos verbales, puntuación, tildes.