lunes, 22 de mayo de 2017

Falsum Paradisum - Juan De Nicotti

El reino de Mistis tiene una envidiable buena imagen. Los que vienen de visita quedan anonadados ante sus hermosos lagos, las enormes ferias, la variedad de fauna y flora, los cantos del coro real a las 4 PM públicos y gratuitos para todos los visitantes, las obras de títeres, las carreras de caballos, y como no, el gran castillo gobernado por el imponente rey Sir James Asconda. Este castillo, tan alto que llega hasta las nubes, se encuentra rodeado por cuatro torres que miden, aproximadamente, un tercio de lo que miden la gran estructura, una en cada extremo y con una bandera roja y verde, colores que hacen tributo a la sangre derramada en el césped por los combatientes del reino, y en el medio, como no, una salamandra, el emblema de la prestigiosa familia Asconda. A todo esto, se suman los cuatro muros que rodean al reino completamente, protegiéndolo de posibles ataques enemigos, y a su vez demostrando el gran poder económico del que goza el reino.

Y es que claro está, ante tal armonía que parece meticulosamente hecha a mano, es lógico que los visitantes (mensajeros en su mayoría) queden maravillados. Más aún cuando, durante todas y cada una de las visitas, sin excepción alguna, cada visitante tiene una persona designada por el reino, que lo guía para hacer más amena la visita. Claro está, que, por seguridad del extranjero y del reino, la ley le prohíbe merodear por el lugar a su libre voluntad, puesto que no se sabe las intenciones que este tenga. Oh, y con qué seguridad cuenta el dichoso reino que el pueblo no puede, no debe, ni quiere tener contacto con el exterior, ¡Qué clase de monstruos malignos habrán allí afuera, esperando, a la par de que sus glándulas salivales trabajan con todas sus fuerzas, encontrar a un pobre habitante perdido para hacerle quien sabe que atrocidades.  Pero les aseguro, damas y caballeros, que ustedes ya no tendrán nada que temer. El reino les abre a vosotros y a vuestra familia los brazos completamente. También les aseguro que todos y cada uno de ustedes recibirán trabajo, y como si fuera poco, ¡El alimento es gratis! Nuestra gran pero equilibrada densidad de población abala mis palabras, créanme, no se arrepentirán solo síganme y...

Se seca la pluma, pero se moja la hoja con una lágrima. Tusmo se encuentra altamente estresado y confundido. Quien sabe que torbellino de pensamientos estará pasando por su cabeza mientras que, con la misma fuerza que provoca el impacto de una pluma que cae al suelo, se hamaca en el columpio de su propio patio. El joven cierra los ojos e intenta convencerse de que si esto no es por él, entonces tendrá que ser por su esposa, que gracias al nuevo y prestigioso oficio de su esposo podrá vivir plácidamente con él en una de las bellas salas del castillo. A su vez, a Tusmo se le cruzan recuerdos de la miserable vida que tuvo en el pueblo mientras fue bufón del rey hasta ayer, cuando por su buen labor, el rey le ofreció un mejor empleo. Pero peor aún, lo que este hombre no puede sacarse de la cabeza es el recuerdo de cómo llegó hasta allí, al decadente pueblo.

Tusmo, por un momento, cierra los ojos, y recuerda. Recuerda como se encontraba él, caminando minuciosamente entre la seca hierba del bosque, buscando algún jabalí para abastecer a su campamento, que no estaba pasando precisamente por el mejor momento. Pasaron tres horas hasta que encontrase algo. El muchacho, con su agudo oído preparado para la caza, logró escuchar unos pasos de un sonido tan característico como lo es el de las pezuñas de los caballos. Tusmo, haciendo un movimiento torpe, puesto que el hambre y la desesperación estaban alterando su balance, apunta débilmente con el arco su única flecha hacia la dirección de la cual parecía venir el sonido. Un segundo antes de que el cerebro del joven mande la orden de disparar al cuerpo, Tusmo se percató de que el caballo estaba siendo montado por un sujeto, de dorada  y reluciente armadura, que, sin perder el tiempo, se bajó del caballo y extendió su mano esperando lo mismo del muchacho. Luego de aproximadamente 3 segundos el individuo baja la mano, que emplea, con ayuda de la otra mano para agarrar y posteriormente extender un pergamino.  Tose un poco y exclama:
- Me presento, Sir Sumpas, a sus órdenes. Usted, amigo mío, no parece estar en la mejor situación, y apostaría que cuenta con personas cercanas que no se encuentran mejor que vos en lo absoluto. Ah, ¡Pero que diferente es la situación de donde yo vengo! Déjeme explicarle, el reino de Mistis tiene una envidiable buena imagen. Los que vienen de visita quedan anonadados ante sus hermosos lagos, las enormes ferias, la variedad de fauna y flora, los cantos del coro real...

FIN



4 comentarios:

  1. Tendrías que revisar errores de puntuación y acentuación. -Delfina Caradonna

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  2. Me gusto tu cuento, me parece muy original. Maria Luz Almirón

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  3. Juan: En el relato se entremezclan ideas interesantes e intensas con otras que resultan incomprensibles. No se entiende y confunden las dos voces narradoras; tampoco queda claro el encuentro con el caballero y el motivo por el que es recompensado por el rey, ni qué lo preocupa. Hay ideas completas que no se entienden, por ejemplo: "Se seca la pluma, pero se moja la hoja con una lágrima. Tusmo se encuentra altamente estresado y confundido. Quien sabe que torbellino de pensamientos estará pasando por su cabeza mientras que, con la misma fuerza que provoca el impacto de una pluma que cae al suelo, se hamaca en el columpio", ¿escribe mientras se hamaca?
    Rever el uso de puntuación, gerundios, construcción de algunas oraciones, concordancia, repeticiones innecesarias y tildes.
    Al editar, los párrafos deben alinearse con la herramienta "justificar".
    NOTA: 5
    Graciela Amadio

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