Una mañana,
al despertar de un sueño agitado, Juan De Nicotti se encontró en su cama
convertido en una lombriz. Sí, tal como lo leen, en una pequeña e insignificante
lombriz. El muchacho se percató de que había sucedido algo raro al despertar
sin ojos, boca, nariz, orejas, pelo ni extremidades. La condena era aún mayor
pues el cambio solo era físico, su mente, de alguna forma, no había sido
modificada, bien es sabido que las lombrices son infinitamente menos
inteligentes que cualquier ser humano. Esto fue un suplicio, debido a que si
hubiese tenido una mente acorde al invertebrado, al menos no estaría consciente
de su estado actual. Pero no, estaba más que consciente, sin poder gritar ni
observar. Rápidamente Juan se percató de que uno de sus sentidos no se veía inutilizable,
la audición. Pudo notarlo al escuchar una voz que sabía conocía pero no de
donde. Fue así como la voz dijo: ‘’Juancito, que divertido, jugaste con el
hechizo y en una lombriz te has convertido. Si con mi ronca voz te torturo,
mucho lo lamento pues es la única que podrá decirte como salir del conjuro.
Desde ya te advierto que no será nada fácil, superar este reto será todo un
arte, debes mantener la calma y no dejar que la desesperación pueda apoderarte.
No quiero enredarme en jocosas charlas, así que breve con mis palabras. Te picó
la curiosidad por la magia negra y un error cometiste, ahora eres una lombriz,
por si no lo viste. Hay que tener cuidado, te lo dice alguien que de la materia
entiende, pero todos tenemos errores, y de los errores se aprende. ¿Estás
dispuesto a salir del conjuro? Te felicito por osado, para lograrlo por algún
objeto deberás ser atravesado. Esta orden no es compleja, a un acertijo para
niños se asemeja. No llores por no contar con la ayuda de la vista, ni me
preguntes nada pues no te daré ninguna pista. Pues nada, espero mi charla te
haya sido fácil de entender, pues a veces enredo las palabras y me confundo,
así como espero el reto te resulte sencillo de hacer, te deseo la mejor suerte
del mundo.’’ La voz se cortó y no volvió a aparecer. Juan no estaba ni la mitad
de preocupado de lo que estaría yo, o vos en esta situación, puesto que él era
un entendido de la magia negra y sabía a que se enfrentaba. Así, luego de
meditar un rato, el sujeto comprendió como tendría que hacer las cosas. Con
todas las fuerzas del mundo bajó de su cama, y, arrastrándose, salió de su
habitación. Aquí su audición jugaría un papel importantísimo, el objetivo sería
que su padre se topara con él, pero, si fuese la madre quien le encontrase
primero, moriría al instante producto de un pisotón. Su vida estaba en manos de
su audición y su destreza con su nuevo cuerpo. Se escondió debajo de un frasco
y esperó. Esperó como 4 horas, hasta que oyó a alguien. No sé si será por el
cansancio de la espera, los nervios, o la ansiedad, pero sin siquiera esforzarse
para adivinar quién era el individuo se aproximó a la puerta, suponiendo que
sería su padre quien estuviese entrando. Esta suposición duró menos de lo que
canta un gallo al escuchar el grito de su madre. ‘’¡Que asco!’’, gritó la
pavorida mujer. Juan, casi que entregado a la muerte, nisiquiera intentó huir,
bien sabía que en su estado le sería imposible. La esperanza volvió cuando
escucho la voz de su padre preguntando: -¿Y ahora qué pasa mujer?. -¡Una cosa
horrible en el suelo! Exclamó la madre. –No seas exagerada, es una mísera
lombriz, me va a servir como carnada. Hoy cenaremos surubí, ya vas a ver.
-¡Mhm, siempre decís lo mismo y solo traes cangrejos amargos! ¡Jua, tal vez hoy
sea tu día de suerte!. –Sí, tal vez hoy… Rió el hombre, con algo de enojo
escondido. El hombre se arrodilló y agarró al animal, sin siquiera imaginar que
sería su hijo. Puso a Juan en un vasito lleno de lombrices, guardó este vaso en
un bolso, puso el bolso en el auto, se subió al auto y manejó hasta un río
cercano. Se bajó del auto, agarró el bolso, sacó el vaso, y de entre todas las
lombrices agarró a Juan, pues era quien más se movía, retorciéndose de un lado
a otro a propósito para llamar la atención de su padre. Juan, un poco temeroso
por el dolor que sentiría al atravesársele el anzuelo comenzó a retorcerse aún
más. Sintió una punta metálica rozándolo. Todo se volvió oscuro.
Juan abrió
los ojos, y notó rápidamente que se encontraba en su cama. También al tener
visión notó que ya no era una lombriz. Y, a su vez, al sentir un dolor
insoportable notó que su estómago estaba totalmente perforado, y que estaba
desangrándose. La voz misteriosa vuelve a hacer su acto de aparición: ‘’¡Juan,
saliste del conjuro, que rudo! ¡Pero que puedas sobrevivir sí que lo dudo! No
manejaste con respeto la magia negra mi amigo, y por eso es que ahora estás
sufriendo el peor de los castigos. No intentes gritar, no podrás escapar del
descanso eterno, espero en tu vida hayas sido mala persona, así podremos
encontrarnos en el infierno.’’
FIN
Buen texto, aunque habría que repensar la nueva lógica que se construye, pues el último párrafo no sucede con naturalidad y falla el verosímil.
ResponderEliminarRever puntuación, tiempos verbales, construcción de párrafos.
NOTA: 7